Esta semana, en la biblioteca, hemos vivido uno de esos momentos que recuerdan por qué los espacios escolares son lugares mágicos: un grupo de alumnado sentado en el suelo, atento a la pantalla, disfrutando juntos de un cortometraje relacionado con un libro. Combinar cine y lectura es mucho más que una actividad bonita; es una forma poderosa de acercar las historias a los niños y niñas desde distintos lenguajes. Los cortos y las adaptaciones cinematográficas actúan como un puente perfecto hacia los libros. Muchas veces, ver una historia en formato audiovisual despierta la curiosidad de conocerla mejor, profundizar en los personajes o descubrir detalles que solo aparecen en las páginas. El cine abre puertas, activa la imaginación y enciende el deseo de seguir leyendo.
jueves, 26 de febrero de 2026
La magia del cine y la lectura
Integrar lo audiovisual en la biblioteca también ayuda a comprender mejor los textos. Cuando el alumnado compara un corto con su versión en papel, identifica diferencias, analiza por qué algunos sucesos cambian, piensa en cómo se adapta una idea a distintos formatos y, sin darse cuenta, mejora su comprensión lectora. Este ejercicio de contraste refuerza la atención, fomenta el pensamiento crítico y enseña que una misma historia puede contarse de muchas maneras.
Al mismo tiempo, los niños y niñas aprenden a leer imágenes. Vivimos rodeados de pantallas, y en la biblioteca podemos aprovechar ese interés para enseñar a interpretar planos, sonidos, música, colores o símbolos. Esta alfabetización audiovisual no sustituye a la lectura tradicional, sino que la complementa: comprender imágenes también es leer el mundo que nos rodea.
Los cortos tienen además una capacidad enorme para inspirar. Después de ver uno, surgen ideas, preguntas, ganas de crear. Muchos grupos continúan inventando finales alternativos, escribiendo pequeños guiones, dibujando escenas o imaginando cómo habría sido esa historia si ellos mismos la hubiesen contado. El cine despierta creatividad, y cuando lo unimos a los libros, esa creatividad se multiplica.
Pero quizá lo más valioso de estas sesiones es lo que sucede a nivel emocional y social. Ver un corto en grupo, comentarlo, compartir reacciones o impresiones, mirar juntos hacia la pantalla, crea un ambiente de comunidad que transforma la experiencia en algo colectivo. En la escena que hemos vivido esta semana, el alumnado reunido en la biblioteca no solo estaba viendo una historia: estaba participando en un momento compartido que fortalece los lazos y convierte la lectura en una actividad viva.
Por todo ello, seguimos apostando por el cine como un compañero ideal para los libros. No viene a sustituirlos, sino a enriquecerlos, a abrir nuevas vías para disfrutarlos y a hacer que la lectura llegue a más personas. Cada corto que proyectamos es una invitación a descubrir, a imaginar y, sobre todo, a seguir leyendo.
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